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Pareja, familia y desempleoLos seres humanos nos resistimos naturalmente a los cambios; somos seres de hábitos y costumbres. Todos los cambios, aún los deseados, exigen reconsiderar esquemas de pensamiento y modos de hacer, que aunque no siempre sean beneficiosos -de hecho, muchas veces son inadecuados y aún costosos en términos de sufrimiento-, evitan enfrentarse a la incertidumbre, y con ello a la angustia. Porque los seres humanos le huimos a la angustia, y todo cambio, aún el más deseado, supone angustiarse un poco. Tanto más ocurre cuando el cambio se nos impone y afecta a nuestro medio de subsistencia.
Perder el trabajo pone en juego la angustia, pues exige un cambio abrupto en el modo de vida y, además, supone una pérdida y un duelo, que no solo afectan al trabajador sino a todo su núcleo afectivo. Las relaciones familiares se ven perturbadas: a la incertidumbre se suman cuestiones prácticas que implican restricciones al consumo y que afectan lo cotidiano; la convivencia se ve a menudo alcanzada por las nuevas preocupaciones, la vida sexual puede resentirse, la autoridad ante los hijos puede resultar cuestionada. La dinámica familiar experimenta alteraciones que influirán de diversos modos según el desempleado sea el hombre o la mujer, según tenga o no hijos y de qué edades, pero sobre todo, según sean las características de los vínculos y de la comunicación de ese núcleo de afectos.
En lo que hace al género, en la consulta a menudo se observa que los hombres tienen un problema adicional respecto al de las mujeres que pierden el empleo. Los esquemas tradicionales les atribuían el sostenimiento económico de la familia y si bien esto ha ido cambiando con el tiempo, aún hoy la dificultad de muchos hombres para vencer este encasillamiento, que ellos mismos sostienen, es proporcional a la que habitualmente encuentran las mujeres para conseguir un trato igualitario en el trabajo o cooperación de su pareja en las tareas domésticas. Los mandatos y tradiciones influyen más allá de las circunstancias debido a que fueron transmitidos desde la infancia por las personas más significativas y cuestionarlos supone, en alguna medida, cuestionar a esas figuras.
Pero ya se trate del hombre o la mujer quien esté en el paro, la actitud de la pareja será decisiva en el modo de enfrentar la situación. Las respuestas pueden ser de lo más variadas: brindará contención afectiva y estímulo o alimentará los sentimientos de culpa socavando la autoestima, sostendrá la figura del cónyuge ante los hijos o avanzará en desmedro de su autoridad, acompañará en la búsqueda de salidas creativas o desalentará todo lo que no sea una reedición de la actividad anterior.
En cualquier caso, asuma una u otra postura, no debería perderse de vista que lo más probable es que no se trate de una elección premeditada o conciente, sino determinada por su propio bagaje de experiencias, creencias, conflictos, capacidades, expectativas, ideales, y que la nueva situación quizás le revele aspectos hasta el momento poco conocidos del otro, como su capacidad o dificultad para hacer con la frustración, con la pérdida, con la incertidumbre.
En estas circunstancias, la consulta psicoanalítica no sólo será una alternativa para evitar el deterioro afectivo, sino una oportunidad para fortalecer el entendimiento en la pareja y la calidad de la relación, al comprender mejor las propias actitudes y las del compañero.
En lo que hace a la relación con los hijos, muchos padres se sienten culpables a la hora de plantear restricciones en los gastos, o simplemente de transmitir la realidad, por temor a causarles preocupaciones, interferir en su rendimiento escolar, etc. Aquí cabe recordar que en todas las etapas de la vida, existen más posibilidades de lidiar exitosamente con las dificultades conociéndolas que negándolas.
En particular, durante la niñez y adolescencia, los padres sirven de modelos para los hijos, por lo que una situación de dificultad transitoria como es la pérdida del empleo, puede ser una experiencia de aprendizaje que les provea herramientas con que superar trances similares en la adultez. Exponer los hechos en términos acordes con cada edad, sin ansiedad ni dramatismo (los hijos son hijos, no psicólogos), pedir la colaboración que según cada edad quepa esperar, mostrarse capaz de asumir los cambios o bien de buscar ayuda profesional cuando esto se hace difícil, es ofrecer a los hijos un panorama realista de un mundo cada vez más cambiante en el que ellos también habrán de desenvolverse, a la vez que un modo de transmitirles seguridad.
En definitiva, la pérdida del empleo, es una situación angustiante, en la medida en que afecta el sostén económico y exige un cambio no deseado, aún así, puede ser una oportunidad para interrogarse respecto a la vida de pareja y familiar, de entender y comunicarse mejor con el otro, y de transmitir a los hijos que una actitud abierta a la reflexión, al diálogo y al posicionamiento activo frente a los problemas suele ser la vía para salir fortalecido de ellos.
Mónica Pereira Vaccaro Licenciada en Psicología - Psicoanalista - Colegiada COPC Nº 17610 Si se encuentra inscrito en el paro, puede acceder a tratamiento psicológico con honorarios preferenciales. La primera consulta es informativa y gratuita. Las instituciones sociales interesadas en realizar talleres, grupos y ofrecer tratamiento psicológico en propia sede, pueden consultar sobre alternativas de atención al desempleo. Contacto: Tel. 664 84 76 65 - pereiravaccaro@yahoo.es Ahora de ti depende esperamos poder ayudarte con nuestras secciones Consultorio psicológico gratuito, o lee alguno de estos otros artículos relacionados: Pareja, familia y desempleo, Articulo autoayuda personas sin empleo, Estar en paro o buscar trabajo.
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