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100 días en Paropor Fernando AguadoEn 100 días suelen pasar muchas cosas, puedes tener una rotura fibrilar, te pueden robar la bici o puedes dar un golpe al coche. Si estas cosas te suceden mientras estás en paro puedes llegar a pensar que estás gafado. Esta es una de mis primeras conclusiones, el paro provoca una situación de inseguridad transitoria que puede magnificar cualquier otro acontecimiento negativo que ocurra al mismo tiempo, y que sería asumido como algo normal en otra etapa de tu vida. En ocasiones el entorno tampoco suele ayudar mucho, las típicas frases de “¿aún no has encontrado nada?”, y cuando respondes que “no” entonces llega la terrible coletilla “¿no será que no buscas correctamente?, seguro que lo estas haciendo mal!”. Quizá sea cierto, aún no he mirado las ofertas de trabajo en Mongolia piensas tú. Estas situaciones no son nada comparadas con tus visitas al INEM. Con el trato que te dispensan te recuerdan que formas parte de un colectivo silencioso, escondido y marcado. Lamentablemente aún son muchos los que piensan que el que no trabaja es porque no quiere. Desear tener un trabajo acorde a tu experiencia profesional previa o preparación quizá sea un exceso para muchos. Olvídalos, muchos no saben de que hablan, pero no te olvides de buscar a los que si saben de que hablan y apóyate en ellos. Para añadir algo más de inseguridad, ahí están preparadas las empresas de selección de personal. Como en el anuncio televisivo de una marca de aire acondicionado, llegas a plantearte si eres invisible. Igual habías creído que un parado tiene derechos, o habías pensado que pueden perder el tiempo contestando tus cartas o comunicando el final de un proceso de selección. Acepta las normas de juego, no hay más remedio. Luego llegan las luchas con uno mismo, las más duras, sin duda. La sensación de estar perdiendo el tiempo, como si existiera el tiempo ganado. ¿A quién?, ¿A qué?, ¿Para qué?. Para mí esta es la principal batalla, que debe ganarse día a día y donde nadie puede hacer tus deberes. Acostumbrados a una actividad frenética y a una cierta rutina sistemática, el desempleo supone una ruptura con el modelo de vida anterior. El cambio es difícil de asumir, en especial ante una situación de la que ignoras su duración y que pone en jaque tu estabilidad económica. Aprende, de los cambios siempre se sacan experiencias. Mi consejo personal es no presionarse ni tener muchas expectativas de hacer cientos de cosas para las que antes no habías encontrado tiempo ni energía. La mejor inversión de tiempo es la que dedicas a reflexionar sobre opciones que quizá nunca te hubieras planteado. Todo es posible, es un buen momento para plantearse cambios de residencia, de forma de vida o de actividad. Aunque nunca llegues a realizarlos, disfruta de esa libertad individual de reflexionar sobre múltiples caminos, ya que cuando estás trabajando, quedan todos prácticamente cerrados por la estabilidad y seguridad aparente que puede darte un empleo. Sobre todo olvida lo de matar el tiempo, afortunadamente el tiempo no muere. Inviértelo de una manera distinta, y no cometas el error de invertirlo exclusivamente en la búsqueda de empleo. Este es el gran privilegio que tenemos los que no trabajamos y que muchas de las personas que trabajan envidian. Cuando pierdas el miedo a decir que estás desempleado, hayas olvidado lo de matar el tiempo, y confíes en ti mismo, habrás ganado tu pequeña batalla y estarás preparado para ver nuevos caminos que nunca hubieras atrevido a plantearte. Suerte en este cruce de caminos. Ahora de ti depende esperamos poder ayudarte con nuestras secciones de Candidaturas y ¿Qué hago?, o lee estos otros artículos Articulo autoayuda personas sin empleo, Estar en paro o buscar trabajo.
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